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Hasta entonces, en Rioja no se planteaba la posibilidad de envejecer los vinos. Está pues la enología riojana marcada por una fecha: 1786.
Fue Don Manuel Quintano, un clérigo investigador enamorado de su pueblo (Labastida), quien demostrase el enorme potencial de crianza con el que contaban los vinos de la zona.
Manuel Quintano nació en Labastida, Álava, en una familia con importantes propiedades agrícolas, entre ellas, viñedos. Se formó en su ciudad natal, completando estudios en Bayona y ordenándose sacerdote en 1782. Gracias al Inquisidor General, Manuel Quintano Bonifaz, que era pariente suyo, fue canónigo de la catedral de Burgos y, más tarde, deán.
Ese año, el clérigo ilustrado Quintano, aplicó por primera vez en su bodega de Labastida las técnicas bordelesas aprendidas en sus viajes de investigación por el Medoc Francés. Sus intereses iban encaminados al correcto y eficaz sistema de crianza de los vinos, que estaba seguro tenían tanto potencial de envejecimiento como los de allí. Fue el primero, pero también el más arriesgado, y convencido del enorme futuro de una región, cuya historia estaba escrita en las cepas de los pueblos que recorren su geografía.
Labastida es un pequeño enclave de la Rioja Alavesa que, generación tras generación, ha visto cómo la vida y destino de sus gentes corría paralela al del fruto que daban sus vides.
Localizada al abrigo de la Sierra del Toloño y alimentada por el Río Ebro, es una de las zonas más favorables en Rioja para el cultivo de la vid; ofreciendo unas condiciones inmejorables para producir uva con personalidad y caracteres singulares.
A mediados de los años 60, el 70% de los cosecheros (175 viticultores) decidieron unirse y fundaron la Unión de Cosecheros de Labastida que, hoy, es la mayor bodega cooperativa del País Vasco, con una capacidad de 7 millones de litros.
Desde el primer momento los cosecheros quisieron participar en todo el proceso, desde el cultivo del viñedo, pasando por la crianza en barricas hasta su posterior embotellado.
Para ello, siempre se ha contado con marcas propias y unas instalaciones idóneas que se han ido modernizando y mejorando con el tiempo, hasta llegar a una estructura como la actual, con depósitos de acero, inoxidable, equipo de frío para controlar la temperatura de fermentación y una nueva planta de embotellado.